Nos espera BUENOS AIRES.
A dos semanas de que empiecen las vacaciones oficialmente en el hemisferio sur, parece ser que los empleados de las oficinas de turismo se han esfumado.
Siguiendo indicaciones de Sole y sin haber conseguido un mapa, nos dejamos perder por el BARRIO DE LA BOCA. A pesar de haberlo visto fotografiado, nos sorprende muy gratamente y hacemos el turista fotografiando todo lo que aparece a nuestro encuentro, sobretodo en el CAMINITO. Nos dejamos llevar entre tiendas y casitas multicolores, simpátic@s muñec@s de papel-cartón (creemos) de tamaño natural… guiados de vez en cuando por algún bostero. Por sino lo sabéis, los oriundos del barrio de Boca reciben este nombre por la hedor a bosta (mierda) que desprende el río. Corroboramos que el río apesta (en esta zona).
Caminito es famoso por sus “conventillos”, barracas hechas antiguamente a partir de partes metálicas y de cualquier elemento que encontraran, que servían de cobijo a los inmigrantes que iban llegando al puerto de Boca allá por el s. XIX.
Visita obligada a la Bombonera, donde nos recibe un Maradona forjado en hierro.
Mas tarde José lo comenta con entusiasmo “en casa”… Ups… Son del River.
De Boca a la casa rosada (Casa de Gobierno), desde cuyo balcón los presidentes salen a saludar al pueblo; antes, los jueves, salían a ver a todas las madres de la Plaza de Mayo dar vueltas sobre la pirámide de la plaza.
Otro puesto de información turística cerrado.
Por fin, al final de la calle Florida (calle peatonal repleta de comercios y con mucho ambiente), esquina con la plaza de San Martín, encontramos al único empleado de turismo que estaba de servicio.
Acabamos el día cenando con Sole y su amigo Javier en Jobs, donde pudimos medir nuestras habilidades en el pool.
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