A las 6 en pie. Miramos por la ventana y … diluvio universal. Por un momento nos planteamos retirada y dejar de lado los 3 días por el Lago Titicaca. Pero nuestro guía nos asegura que estas lluvias matutinas son normales. Partimos.
Nuevos amigos en el barco: Hugo y Miriam, el un cachondo y ella muy enrollada, unos argentinos residentes en las Canarias desde antes de que llegaran los guanches, y Luís, Amaya, y sus hijas, de 7 y 9 años, Ainoa y Sara, unos madrileños que están dando la vuelta al mundo (www.nuestravueltaalmundo.com)
Primero nos dirigimos a la isla flotante de los Uros. Es impresionante como establecen la base de la isla. Cortando del fondo del lago las raíces flotantes de los juncos, y cómo luego entrelazan miles e juncos para hacer la superficie de la isla, unos 300 m2.
Con este material también están construidas las viviendas e… incluso la “Inglesia”!!.
También tienen una atalaya, desde la que podemos divisar parte de la magnitud del Lago Titicaca.
Nos adentramos por las aguas tiquenses hasta la isla de Amantaní, donde nos alojamos en casa de una familia indígena. Quedamos en que a las 16:00 nos encontraríamos todos para subir al Pacha-tata (Padretierra) y/o al Pacha-mama (Madretierra).
Cuando nos acompaña nuestra familia desde el embarcadero hasta nuestra casa, resulta que ya hemos hecho ¾ partes del recorrido: ¡estamos en la última casa!.
Comemos “con” nuestra tímida familia. Ya habían comido. Sobremesa con ellos ( Irma, Silvestre y su hija de 11 años), … y para el Pachamama, en el que disfrutamos de una puesta de sol en un paisaje propio de La historia interminable.
Le regalamos el libro de Mafalda a la hija y la Lonelyplanet (Perú) a los padres. Mafalda triunfa: a la hija le encanta (en las comidas lee más que come) y al padre lo descubrimos al día siguiente perfilando a boli un dibujo de Mafalda hecho a lápiz por María.
Despedimos la noche disfrazados con el atuendo típico, en el polideportivo del pueblecito, bailanda al ritmo de la banda escolar y pidiendo cervezas, colocadas sobre un pupitre y a temperatura ambiente.
Silvestre no puede con su alma y a media “fiesta” (duró una hora) se cobija tras una de las puertas de entrada con la cerveza King Size que le acabamos de comprar.
Esta noche debatiremos con la almohada dos propuestas tentadoras recibidas: si continuar mañana por la tarde ruta a Arequipa/Cañón del Colca con Miriam y Hugo, o llegar a Uyuni en Bolivia, a través de la paz (mucho más directo) con la familia de la vuelta al mundo.
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