Hemos tenido ocsión de estar en Cuba antes de que muriera Fidel y durante la elección de Obama. En el ambiente se respira cambio. Pero... ¿hacia dónde? Ni los mismos cubanos lo tienen claro. Nos llevamos la impresión extraña de que este pueblo de alguna manera ansía una apertura pero con el temor de perder su esencia.
Hacia Perú. A las 5.30 de la madrugada llegamos al aeropuerto, acompañados por Fernando, que muy amablemente nos ha llevado a estas horas intempestivas. Allí nos encontramos con las argentinas con las que coincidimos en la playa, Mariana y Valeria. Nos hacemos una foto (adjunta) y nos despedimos.
Escala en Bogotá. Llegamos a LIMA a las 16.30 y esperamos y esperamos y esperamos a que salgan las mochilas... pero no salen, no salen, no salen... Y nos empezamos a temer lo peor, vista nuestra suerte en los aeropuertos. Nuestro instinto no falla: se han perdido.
Nos atienden dos chicas de Avianca, la compañía con la que hemos volado de Bogotá a Lima, muy poco colaboradoras. Logramos sacar 80 dólares para los primeros gastos. Hubieran sido 160 si hubiéramos facturado por separado (a tener en cuenta).
Buscamos rápidamente en Lonely Planet un sitio donde hospedarnos para poder dejar una dirección donde enviar las mochilas. Las prisas en esta ocasión no son traidoras. Excelente elección: el hogar de la família Rodríguez. Sonia se desvive para contactar con Avianca, llamando incluso a la 1 de la mañana (hora en que llegaba un vuelo de Avianca).
No hay manera de dar con ellos. A ver qué pasa mañana.
El taxista que nos lleva del aeropuerto al hogar de la familia Rodriguez nos advierte de lo peligroso que es lima y nos cuenta que le han empistolado dos veces en una semana.
En todos los paises nos han advertido de peligro y la suerte en ese aspecto debe estar de nuestra parte: Los manguis no se han fijado en nosotros (toquemos madera) ni hemos sentido inseguridad hasta ahora, pero en Lima sentimos que tendremos que estar más atentos.
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