Objetivo principal del día: encontrar papel de wc. La cosa empieza a ser preocupante, y con estas cosas no se juega. Obtenemos un premio de consolación: después de haber intentado mangar papel de wc en todos los hoteles y restaurantes a los que hemos entrado (los rollos son demasiado grandes, y no los podríamos disimular), en un pequeño quiosquito encontramos “pañuelos faciales”.
Visita al CAPITOLIO, antigua sede del congreso. Sorprendente la minuciosa obra hecha en tan sólo unos 3 años. Increíble la minuciosidad con la que están hechos los techos (y puertas, y mobiliario…) y ¡luego no les alcanzó para acabar de ornamentar el interior de algunos recuadros de paredes!
Cogemos guía y la compartimos con unos vascos muy majos (Pilar y José). Acabada la visita, nos hablan de los tours que han hecho por la isla. Decidimos que, en cuanto se vaya el sol, pasaremos por los hoteles y las agencias de viaje a recopilar información.
Por fin encontramos un zapatero con el que además de arreglar la mochila compartimos una agradable conversación.
Hoy es día de visitas. Llegamos al MUSEO DE LA REVOLUCIÓN 30’ antes de que lo cierren, y la taquillera nos invita a que entremos a la parte posterior, en la que se encuentra el Granma (barco con el que Fidel, el Ché y 80 hombres más cruzaron de Méjico a Cuba). Aprovechamos “l’avinentesa” y vemos todo el museo gratis.
A última hora entramos en Habana Tours pero todos los precios nos parecen carísimos, incluso alquilar un coche (65 dólares diarios, y un mínimo de 3 días).
Por último entramos en el Hotel Habana Libre para conectarnos a internet. Los cubanos tienen realmente difícil el acceso a la red, y los visitantes no encuentran cibercafés por las calles, hay que ir a los centros de negocios de los hoteles.
Son las 8 e internet ya está cerrado. Cuando nos dirigimos a la salida…¡nos llaman! ¡A nosotros!¡Por el nombre! Son Pilar y José, los vascos con los que hemos coincidido en el Capitolio esta mañana. Nos invitan a tomar un refresco en el hall enorme de este megahotel. Pasamos un buen rato charlando con ellos.
Cena en un polinesio.
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