miércoles, 26 de noviembre de 2008

Peru, martes, 18/11/08


Hoy nos levantamos felices, pues casi seguro que Gurb habrá hecho todo lo posible para que recibamos las mochilas.
Desayunamos con unos daneses muy majos y después salimos a por un detallito para el matrimonio del hogar de la família Rodríguez y a cambiar dinero. Es súpercurioso: entras al banco y en un ordenador táctil escoges operación y turno; seguidamente, esperas en unas butacas a modo de cine viendo imágenes de tortazos, con lo que de alguna manera se hace más ameno.
12:15: ¡Ya tenemos nuestras mochilas en el hostal!
Decidimos ir a comer algo rápido, nos despedimos y sacamos una foto (post anterior), y empezamos la ruta hacia el sur. 1ª parada: Pucusana. El bus nos deja enmedio de la Panamericana. De allí al pueblo hay 4 km, que hacemos en un combi. Durante el trayecto nos cruzamos con un montón de chabolas que no hacen suponer la maravilla que aparecerá después: un pueblecito pesquero en una pequeña bahía, con montes desiertos y unas vistas preciosas, sobretodo desde El Mirador, el hostal donde nos alojamos. Escelente elección, no sólo por la panorámica sino por Elisabeth, una dulce y encantadora mujer que nos acoge y nos hace sentir que su hostal es un hogar.
Está a punto de anochecer, tiramos las mochilas y bajamos corriendo al muelle para cruzar a la isla que hay enfrente.
Subimos la montaña hasta el faro y allí vemos leones marinos. Disfrutamos de la puesta de sol en el mar. Bajando nos debemos haber acercado a un nido de gaviotas, pues temos que esquivar varias envestidas de las presuntas madres de las criaturas. Jose coge una piedra por si las moscas... bueno... por si las gaviotas.
Desde allí se ve mucho colorido: el de las barquitas y sobretodo el de las casitas de del monte.
Visitamos el puertecito y vemos como cargan todo el pescado en camioncitos frigorífico.
Nos entra gazuza y nos dirigimos al bar del puerto, preguntamos qué pescado tienen...y... ¡ sólo hay pollo! Están hasta las narices del pescado.
Probamos en otro barecito cercano y por suerte tienen pez. Volador.
Volvemos para el hostal y allí conocemos a un matrimonio italiano y a un alemán, muy majos, con los que nos quedamos charlando hasta medianoche.

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